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viernes, 22 de octubre de 2010

PRESENTACIÓN EN MADRID NUEVO POEMARIO DE ANTONIA BOCERO "ÁNGEL DE GUERRA"

El poeta Aureliano Cañadas, Antonia Bocero y Pablo Méndez de Editorial Vitrubio





El pasado jueves 21 octubre de 2010 ha tenido lugar la presentación del poemario de Antonia Bocero “Ángel de guerra”. El evento se celebró en el salón de actos del ACE, C/ Covarrubias, 3 (Madrid) y estuvo muy concurrido de público. Entre los presentes se hallaban los escritores Santiago Tena o Eduardo Prieto García y el abogado Manuel Álvarez Machado. En el acto intervinieron Aureliano Cañadas, poeta y presentador del libro, Pablo Méndez, director de Ediciones Vitruvio, y la autora, Antonia Bocero que leyó poemas del referido libro. Aureliano Cañadas destacó que
“Hay algo también en este poemario que tiene un regusto a “Divina comedia”, una “Divina Comedia” sin Dios ni Satán. Es ese ir ascendiendo, en lo que llamaría una ascensión inversa porque lleva al protagonista hasta la sexta planta, hasta ese mundo cerrado, a ese infierno de donde no puede escapar. “Ángel de guerra” es un poemario frío, pero que quema como el hielo quema, ante el cual no sabemos si nos encontramos ante poesía épica, lírica o social: supera estos conceptos y nos entrega el mundo tal cual es: cruel y magnífico”.


Fernando Sabido, la poeta Antonia Bocero y Manuel A. Machado,
(sobrino-nieto de Antonio Machado).


Entre los asistentes, el poeta Santiago Tena, y en primer término, a la izquierda, el gran
pintor almeriense Luis Cañadas



Fernando Sabido, Antonia Bocero y Manuel A. Machado







Pequeñas risas

(Del libro “Ángel de guerra” 2010)
TERCERA PLANTA


Aquí son los que, en posición vertical,
viven amarrados discurso propio
a nombres que un día fueran verdades
y hoy murmuran imprecisos.

Baila y no pienses en su boca
-pide el Tetrarca-.
¡¡¡Baila!!!!

No tengo deseos de bailar hoy, Tetrarca.

¡¡¡Baila!!!!

Sobre el palacio planean alas de muerte.

Escala otra ventana,
les mira y habla con la mirada:

Yo tampoco puede escalar nubes,
ni atrapar en lo grabado lo que fueran
tantas pequeñas risas.

En la tercera planta
un día y otro es visionar al Tetrarca,
un día y otro,
en pleno Madrid,
visionamos La naranja mecánica.

Allí se inició la fiesta,
y el cáliz de luz apareció velado
en el diminuto valle de las palabras.

Palabras robadas
a la boca llena de miel y saliva
que dejabas caer por la oscuridad
de tus dedos largos
que ya acariciaban la magia del instante
que luego
en mitad del camino
mirará la vida a través de la luz de un cine
como si no hubiera pasado
el tiempo ese
que hoy transcurre sobre este papel
que yace en la mesa de un café
al soliloquio de recordar
que hubo días dedicados
a robar magia a las palabras
que se amasan con saliva y miel
para decir años después en otro café
“todo fue verdad”
antes de partir y yo quedara sin dedos largos
que me lleven de nuevo a ese cine
donde descubrimos
que la belleza
cual palacio de invierno
a los quince años es toda saliva y miel.







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